Herbarios para el Duelo
Exposición Individual de Diana Riesco Lind del 24 de abril al 07 de junio 2026, curaduría Guliana Vidarte.

Texto Curatorial
La memoria de muchas vidas, el recuerdo de muchos duelos, la esperanza de los ritos de fe y los procesos de sanación están presentes en la obra de Diana. Las reflexiones sobre el luto y la supervivencia han acompañado el desarrollo de sus proyectos artísticos, en los últimos años, luego de experiencias que marcaron su trayectoria de vida como la muerte de su padre en un accidente aéreo y la pérdida de su hija Evita. En 2020, inició una serie de acciones de bordado colectivo virtual con el objetivo de crear espacios de encuentro en comunidad para despedir a los familiares fallecidos durante la pandemia del COVID-19. Los participantes de estas reuniones bordaban las flores que hubiesen querido compartir con sus seres queridos, cuando los ritos de despedida no eran posibles, y tenían la oportunidad de contar sus historias y expresar sus homenajes y oraciones. Junto a estas acciones empezó una investigación sobre las flores en el Perú, desde ilustraciones botánicas y estudios gráficos de la flora para imaginar cuáles serían las especies que uno se podría encontrar al recorrer el país en sus diferentes suelos y climas. Estas flores se reunieron en una serie de coronas bordadas o pintadas que propone para relacionar las declaraciones de condolencias con expresiones comunitarias, como medios de conexión con la tierra y como símbolos de una memoria que permanece: estudios de flora no como exploración para la extracción, sino como formas de duelo y sanación.
“Herbarios para el duelo” presenta pinturas, dibujos y bordados creados por Diana entre los años 2020 y 2025. Una corona fúnebre en medio del bosque amazónico. La corona cuyas flores se insertan en el follaje, se muestra entre las palmeras para remitir a las penas de este lugar, al duelo que atraviesa este territorio. Una cruz rodeada de flores en la tierra roja de Pucallpa conmemora una pérdida, es la marca de un accidente. Otras cruces sobre los caminos en carreteras andinas, junto a sus árboles y plantas, también son memoria y homenaje. Una procesión parte en dos la montaña. Duelos suspendidos y velorios aplazados en los contextos de conflicto y violencia que han marcado al Perú en las últimas décadas. Junto a las imágenes de devoción se borda para unirse en un ritual y continuar. Mirar estas flores para pensar en la tierra en la que nacimos, los lugares que compartimos con nuestros familiares y también los otros caminos que nos habría gustado transitar, que quedaron pendientes para recorrer juntos. Bordar un incendio que atraviesa la Amazonía, los ríos y los árboles floridos. Continuar bordando incluso las flores que están en peligro de extinción, las especies amenazadas y sus defensores. Reunir las flores de todo un país para crear las coronas de estas tierras, de sus conflictos y luchas, para pensar cómo atravesamos el duelo y con qué rituales enfrentamos a la muerte. Las coronas de flores como expresiones de fe, admiración, cariño y supervivencia. Bordar estas coronas para compartir con quienes más queremos, para despedirnos y para iniciar el homenaje a sus memorias y recuerdos.
Giuliana Vidarte
Reflexiones de la artista
Gracias a la galería Cholo Terco y a su personal por el apoyo; a Angui Bonino, por interesarse en mi trabajo y en esta propuesta; a Galiana Vidarte, por el acompañamiento curatorial en estas muestras; y a mi familia, por su apoyo.
Escojo la palabra duelo en sus múltiples sentidos. Cuando uno mira el diccionario, el primer significado que aparece es el de duelo como combate o pelea entre dos personas, a consecuencia de un reto o desafío. En segundo lugar, aparece el duelo como el dolor y las demostraciones que se hacen por la muerte de alguien.
La muestra abarca reflexiones realizadas entre 2020 y 2026, sobre duelos individuales y colectivos como país, así como sobre los rituales que los acompañan.
Antes de que estuviéramos inmersos en la pandemia, me permití iniciar una reflexión sobre un momento específico ocurrido en 2005 y sobre algunos elementos del velorio de mi padre.
En 2005 cayó un avión comercial de la aerolínea TANS, con numerosos pasajeros, a pocos kilómetros de llegar al aeropuerto de Pucallpa. Hubo varios sobrevivientes, pero también muchos fallecidos. Fue una tragedia que permaneció en los noticieros durante varios días.
Después del reconocimiento de los cuerpos en la ciudad de Pucallpa, del peritaje inicial y de un velorio realizado en las oficinas donde trabajaba mi padre, pasaron algunos días en Ucayali antes de que las autoridades autorizaran y dispusieran aviones para trasladar los ataúdes a Lima.
En Lima, todos los que lo conocían parecían haberse enterado de lo sucedido por la televisión, la radio o porque la noticia se fue transmitiendo de boca en boca durante los días de espera.
Al velorio fueron llegando muchas personas con arreglos florales, de manera individual, como familias, grupos e instituciones que lo conocieron. Todos los que se encontraban en la ciudad parecían haber reservado parte de su tiempo para asistir. El velorio se llenó de flores y de personas compartiendo este rito especial.
A lo largo del tiempo he podido reflexionar mucho sobre este momento en general y sobre este rito en particular. Los arreglos florales, más que un detalle estético o decorativo, están cargados de significados. En el velorio de mi padre se sentía como si cada ramo intentara encapsular sentimientos y diálogos. Algunos parecían decir: “Te respetamos mucho como profesional”, “Te admiramos”, “Te amamos”, “Te recordamos con aprecio y cariño”. Pero también había arreglos que me parecían expresar: “Me hubiese gustado tener más tiempo para resolver nuestras diferencias”.
Las personas llegaban, saludaban, daban sus condolencias, conversaban, rezaban y lloraban. Algunas observaban en silencio desde lejos.
A lo largo de mi carrera, los ciclos de vida y, de algún modo, el duelo han estado presentes de manera simbólica a través de pinturas de caminatas en espacios naturales y del suelo amazónico, con sus micro y macro ciclos de vida. Reflexionando sobre ello, poco antes de los estragos de la pandemia, inicié una serie de bordados de flores nativas o que crecen silvestres en nuestra Amazonía, a modo de una corona amazónica.
Pensaba en mi padre, que trabajó durante muchos años desarrollando proyectos para la región. Pensaba en la imagen de su velorio, en las distintas realidades y duelos que se viven en la Amazonía. Pensaba en quienes la protegen y que muchas veces son perseguidos o asesinados. Pensaba también en todos mis años viviendo principalmente en Lima, donde estas realidades y estos duelos eran minimizados o simplemente ignorados.
Poco después comenzó la pandemia. Llegaron rápidamente el encierro y las muertes. En un contexto en el que reunirse, acompañarse y realizar rituales estaba prohibido, comprendí aún más la importancia de estos procesos. La muerte parecía doblemente dolorosa cuando se vivía sin el acompañamiento del rito.
Decidí crear un espacio virtual para reunirse en silencio, abierto al público, y tener presentes a las numerosas personas que estaban falleciendo en esos meses sin la posibilidad de encontrar consuelo o acompañamiento a través de los rituales tradicionales. El espacio era abierto para quien quisiera unirse y se transmitía en vivo. Yo bordaba flores y proponía a los participantes hacer lo mismo, o realizar alguna actividad artística, teniendo presentes a esas personas y a sus familias.
Las flores bordadas, que comenzaron como una reflexión sobre un velorio familiar, se transformaron en una reflexión sobre las muertes sin los rituales tradicionales que observábamos en aquellos días.
Las personas que participaron fueron otros artistas y familiares. El registro de algunas de estas experiencias de bordado comunitario puede verse en YouTube y en el video de la exposición Herbarios para el Duelo.
Esto me llevó a pensar en otras circunstancias en las que las muertes no tienen cierre ni ritual. Así nació la idea de múltiples coronas para representar distintas realidades del país, sus duelos y sus heridas abiertas, aquellas que a muchas y muchos nos duelen y sobre las cuales sería provechoso reflexionar como colectivo y como nación.
Poco después de iniciada la pandemia empecé a dictar clases virtuales de ilustración botánica y bordado. Pensando en las flores que estaba bordando, decidí ilustrar únicamente especies que crecen de manera silvestre en el Perú y en sus diversos pisos ecológicos. El taller continuó durante aproximadamente dos años, con sesiones semanales, y algunas de esas flores están hoy presentes en la muestra.
Cuando empezábamos a recuperar ciertas características de la normalidad, quedé embarazada de Eva. Durante el embarazo se observó un escaso desarrollo de una parte de su corazón y se le diagnosticó síndrome de Edwards, reduciendo significativamente su expectativa de vida. Eva nació y falleció a las siete semanas y media.
Este duelo lo atravesé acompañada por familiares, amigos y mi práctica artística. Escribiendo y reflexionando sobre la maternidad y el duelo, creé una gran corona que simboliza todos los lugares del Perú que me hubiese gustado enseñarle a mi hija y para los cuales no nos alcanzó el tiempo. Los distintos lugares del país estaban representados por flores provenientes de diversas regiones.
Esa corona, que llamé Los rincones que me hubiese gustado enseñarte, es la base de la exposición Herbarios para el Duelo.
En Herbarios para el Duelo reflexiono sobre esos rincones del Perú, sobre el duelo, el conocimiento y el acto de recorrer el país, como peruanos que buscan amar al Perú como se ama a un ser querido. A un ser amado —a un hijo, por ejemplo— se le ama por existir, no porque se haya portado bien, haya obtenido buenas notas o salga bien en una fotografía.
Como peruanos, no es suficiente conocer al país únicamente como turistas, apreciando solo lo bello o lo estéticamente atractivo. Amar al Perú implica conocer su realidad: lo bello y sublime, pero también lo complejo, lo doloroso y lo trágico.
En la muestra vemos tres coronas bordadas con flores de distintas zonas del territorio nacional, que representan los diversos duelos y esperanzas de los rincones del país.
A su costado se encuentra una pared con una serie de bordados de pequeño formato que representan sucesos ocurridos en el país: la persecución y asesinato de defensores de bosques y territorios indígenas, incendios forestales, pequeños altares y cruces al borde de caminos y carreteras que recuerdan accidentes y vidas perdidas, funcionando como espacios de memoria y oración. También se incluyen algunos bordados que evocan asesinatos masivos por violencia institucional en distintos momentos de nuestra historia, hechos que aún tardan en encontrar justicia.
Recuerdo que, cuando estaba en el colegio y la universidad, se estudiaba muy poco sobre lo que ocurría en la selva, su cultura, su arte y su gente. Desde Lima predominaban la ignorancia, el desinterés y, en ocasiones, la minimización de las tragedias ocurridas en otras regiones del país.
Sobre ello reflexiono en dos pinturas: Luto y ¿En verdad cayó?, obras en las que observamos coronas en medio de una selva densa. La pregunta filosófica: “Si un árbol cae en medio del bosque y nadie lo ve, ¿realmente cayó?” o “Si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿produce algún sonido?” —asociada al idealismo subjetivo de George Berkeley y también vinculada al budismo zen— me hace pensar en muchas realidades de nuestro país: muertes sin responsables identificados, sin condena, sin cierre; personas desaparecidas y autoridades que cuestionan incluso su existencia, veracidad o valor.
En estas obras busco visibilizar y reflexionar sobre el valor intrínseco de la vida y sobre la necesidad de asumir cada muerte con la urgencia y la gravedad que ese valor amerita. No importa cuán remoto haya sido el lugar del acontecimiento, cuán conocida o desconocida haya sido la persona, ni cuán viral haya sido el hecho.
Finalmente, la muestra incluye bordados de flores en sus hábitats naturales y en espacios de cultivo, además de una serie de tres imágenes de procesiones: el Señor de los Milagros, la Mamacha Candelaria y el Taytacha de los Temblores, tres figuras de devoción masiva en el Perú cuya influencia se extiende más allá de nuestras fronteras.
Las flores están profundamente presentes en estas y muchas otras devociones peruanas. En el Señor de los Temblores destaca especialmente la flor de ñucchu, que no solo adorna completamente su anda, sino que también es lanzada por los devotos como una lluvia de flores a su paso.
A veces pensamos que el espacio urbano está aislado del mundo natural. Sin embargo, hacemos presente ese mundo precisamente en los momentos que consideramos más significativos. Las flores, como elementos hermosos y efímeros, acompañan matrimonios, homenajes y celebraciones; sirven para expresar alegrías, logros y esperanzas, pero también para acompañarnos en los momentos de despedida de este mundo.

Prensa
NOTA DE PRESA
Herbarios para el duelo
Exposición individual de Diana Riesco-Lind
Lugar: Centro Cultural Cholo Terco
Dirección: Bajada de Baños 342, Barranco, Lima – Perú
Horario: lunes a domingo de 12 m. a 8 p.m.
Inauguración: viernes 24 de abril, 6:30 p.m.
Temporada: del 24 de abril al 7 de junio de 2026
La artista peruana Diana Riesco-Lind presentará su undécima individual, Herbarios para el duelo, en el
Centro Cultural Cholo Terco del 24 de abril al 7 de junio de 2026. Esta exposición, curada por Giuliana
Vidarte, reúne una selección de obra de pequeño y mediano formato, elaboradas en óleo y bordado
sobre tela entre los años 2020 y 2026.
Herbarios para el duelo es un proyecto de artes visuales que surge también como un proyecto de
bordado colectivo tras convertirse en la respuesta de la artista para despedir a aquellos que partieron
durante la crisis sanitaria del COVID-19, ante el impedimento de realizar funerales tradicionales. Las
sesiones virtuales de bordado colectivo de flores derivaron en un exhaustivo proceso de investigación
por parte de Riesco-Lind, quien estudia la flora como una vía de conexión con la tierra y el recuerdo.
La obra de carácter figurativo y naturalista es una expresión que vincula el paisaje peruano con la
pérdida. Desde una corona fúnebre integrada en el follaje amazónico hasta cruces en la tierra roja de
Pucallpa o en carreteras andinas, la obra traza una cartografía del homenaje y la sobrevivencia.
Mediante el diálogo entre imágenes de devoción y rituales de bordado, se busca, ante todo, la
expresión de la continuidad de la vida.
Texto curatorial de Giuliana Vidarte
La memoria de muchas vidas, el recuerdo de muchos duelos, la esperanza de los ritos de fe y los
procesos de sanación están presentes en la obra de Diana. Las reflexiones sobre el luto y la
supervivencia han acompañado el desarrollo de sus proyectos artísticos, en los últimos años, luego de
experiencias que marcaron su trayectoria de vida como la muerte de su padre en un accidente aéreo
y la pérdida de su hija Evita. En 2020, inició una serie de acciones de bordado colectivo virtual con el
objetivo de crear espacios de encuentro en comunidad para despedir a los familiares fallecidos durante
la pandemia del COVID-19. Los participantes de estas reuniones bordaban las flores que hubiesen
querido compartir con sus seres queridos, cuando los ritos de despedida no eran posibles, y tenían la
oportunidad de contar sus historias y expresar sus homenajes y oraciones. Junto a estas acciones
RR. PP. MELISSA TORRES FABIÁN
LIMA – PERÚ 23/04/2026
Empezó una investigación sobre las flores en el Perú, desde ilustraciones botánicas y estudios gráficos
de la flora para imaginar cuáles serían las especies que uno se podría encontrar al recorrer el país en
sus diferentes suelos y climas. Estas flores se reunieron en una serie de coronas bordadas o pintadas
que proponen relacionar las declaraciones de condolencias con expresiones comunitarias, como
medios de conexión con la tierra y como símbolos de una memoria que permanece: estudios de flora
no como exploración para la extracción, sino como formas de duelo y sanación.
Herbarios para el duelo presenta pinturas, dibujos y bordados creados por Diana entre los años 2020
y 2025. Una corona fúnebre en medio del bosque amazónico. La corona cuyas flores se insertan en el
follaje se muestra entre las palmeras para remitir a las penas de este lugar, al duelo que atraviesa este
territorio. Una cruz rodeada de flores en la tierra roja de Pucallpa conmemora una pérdida; es la marca
de un accidente. Otras cruces sobre los caminos en carreteras andinas, junto a sus árboles y plantas,
también son memoria y homenaje. Una procesión parte en dos la montaña. Duelos suspendidos y
velorios aplazados en los contextos de conflicto y violencia que han marcado al Perú en las últimas
décadas. Junto a las imágenes de devoción se borda para unirse en un ritual y continuar. Mirar estas
flores para pensar en la tierra en la que nacimos, los lugares que compartimos con nuestros familiares
y también los otros caminos que nos habría gustado transitar, que quedaron pendientes para recorrer
juntos. Bordar un incendio que atraviesa la Amazonía, los ríos y los árboles floridos. Continuar
bordando incluso las flores que están en peligro de extinción, las especies amenazadas y sus
defensores. Reunir las flores de todo un país para crear las coronas de estas tierras, de sus conflictos y
luchas, para pensar cómo atravesamos el duelo y con qué rituales enfrentamos a la muerte. Las
coronas de flores como expresiones de fe, admiración, cariño y supervivencia. Bordar estas coronas
para compartir con quienes más queremos, para despedirnos y para iniciar el homenaje a sus
memorias y recuerdos.
Acerca de la artista
Diana Riesco-Lind (Pucallpa, 1980). Artista, gestora cultural y curadora. Es magíster en arte con
especialización en medios digitales de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) y licenciada en arte con
especialidad en pintura de la PUCP. Presidenta de la Asociación Cultural Centro Selva Arte y Ciencia.
Su obra forma parte de colecciones privadas en Australia, Alemania, Suecia, Noruega, Dinamarca,
Estados Unidos y Perú. Finalista del Premio ICPNA Arte Contemporáneo 2019, 2020 y 2021, y del
Concurso Nacional de Pintura del BCRP 2011, 2015 y 2017. Desde el 2008 al 2026 ha presentado once
exposiciones individuales entre Perú y Suecia.

Arte Informado
https://www.arteinformado.com/agenda/f/herbarios-para-el-duelo-243964

Lima en Ecena
En Lima Cultural

Diario Expreso

















